EL ARCA 2008

(Alocución de D. José Antonio Martín de Marco, archivero municipal)

Hoy es, en el calendario cristiano que, pese a quien pese, rige en el mundo occidental, es La Epifanía [...] Pero hoy, además, en la provincia de Soria hay otra fiesta de especial mención, la del Arca de Almarza y de San Andrés.

 

Es costumbre la rivalidad entre los pueblos vecinos, los limítrofes, pero en el caso de San Andrés y de Almarza se rompe este maleficio popular porque han sabido compartir sus recursos naturales, agrícolas y ganaderos e históricamente han hecho posible, desde hace siglos, lo que hoy está tan de moda, la sostenibilidad de sus entornos regulando su riqueza no solo de la Dehesa de La Mata, elemento que ha articulado su economía, si no de todo cuando concierne a estos parajes de Tierras Altas. Almarza tiene nombre árabe, "Al-marja" que significa "prado", o tal vez provenga de "Al-Mazra" que significa "tierra de labor". Ya proviene desde la época bajomedieval este régimen comunal, "la dehesa de los cuatros lugares" formados por las aldeas de Almarza y San Andrés con los despoblados de Cardos (en el término del primero) y Pipahón (en el del segundo), dentro del sexmo de Tera de la vieja Tierra de Soria, la Universidad de la Tierra hoy, Mancomunidad de los 150 Pueblos.

Hoy, es la fiesta del Arca, del traslado del Arca entre San Andrés y Almarza o entre Almarza y San Andrés, que tanto monta. El Arca tiene dos llaves en señal de condominio de los dos pueblos, y esta celebración de las varias veces centenaria Hermandad, viene celebrándose, documentada, al menos desde 1329. O sea, es en tradición muchísimo anterior. Es nuestra historia viva, nuestra raíz, el orgullo de ser como somos, un ejemplo de etnografía en estado puro, la esencia de nuestras gentes manifestada en el límite y término de "Canto Gordo". El Arca-Archivo, llevado a hombros por cuatro hombres - a veces se sube un niño que, sentado, viaja a lomos del viejo arcón cofre - es el depósito ambulante de pergaminos y Comfirmaciones reales, de Ordenanzas y Ejecutorias, de las Actas de las Juntas comunales, de sentencias y reivindicaciones. Dos llaves simétricas que giran en sentido inverso cierran la historia, la izquierda es de San Andrés y la del lado derecho de Almarza. Esta joya hecha de roble se traspasa de pueblo a pueblo en depósito de la indivisible y común historia que guarda de San Andrés y de Almarza.

 

¿Se imaginan que harían las proclamadas Comunidades Históricas, los vascos, los catalanes, si tuvieran una Fiesta de esta enjundia?, autoproclamarían la importancia de sus instituciones, su raigambre, la fortaleza de su cultura popular hasta que sus escolares supieran de memoria cuanto aquí hoy acontece.

Nada menos que, documentalmente demostrable, 679 años de vida comunitaria preceden, anteceden y contemplan a estos pueblos que, hoy como ayer, forman parte de la mancomunidad de la Tierra de Soria. Sin caer en la exageración, podemos afirmar que pocas instituciones tienen tras de sí tan larga vida comunitaria, sobre todo si tenemos en cuenta su plenitud actual y el hecho de estar perfectamente imbricada en el aparato político-administrativo de la España democrática.

 

¿Cómo se puede justificar tan larga permanencia histórica y la raigambre institucional actual, después de, nada menos, siete siglos de existencia?. Para contestar a este interrogante resulta imprescindible remontarse a los orígenes, analizar la evolución e intentar comprender el presente que no debe hacernos olvidar el pasado, y esa es nuestra intención y nuestro objetivo, conocer y valorar cuanto de historia guarda el Arca-Archivo, cuanto de historia comunal hay en estos pueblos de San Andrés y de Almarza y, si fuera posible, el deseo de que ese conocimiento se transforme en afecto cálido hacia estos pueblos con una trayectoria tan larga y peculiar.

No quisiera caer en un populismo reduccionista, ni tampoco pretendo dar excesiva importancia a los hechos históricos, pero sí os invito a compartir conmigo una cierta sensación de orgullo por el hecho de haber nacido y vivido en esta Tierra soriana, aunque solo sea como homenaje a tantos hombres, vecinos de sus aldeas, que nos han precedido y que lucharon para que no desaparecieran. Eran otros tiempos, desde luego, tiempos en los que, como hoy, era necesario asociarse, agruparse y vivir solidariamente para conseguir objetivos comunitarios.

 

He hecho referencia a factores humanos e institucionales pero, no nos engañemos, difícilmente puede subsistir una institución sin un apoyo económico suficiente y sin un patrimonio que defender y por el que luchar. Ese patrimonio es hoy el mismo que poseía la Hermandad de los Cuatro lugares de Almarza, San Andrés, Cardos y Pipahón, en sus orígenes: los mismos montes, similares dehesas, idéntico paisaje, y sobre todo, la misma riqueza de los pastos. Su defensa ha requerido una constante lucha desde siempre, no hay más que conocer la documentación que reposa en el Arca. Unas veces ha sido la lucha política, en otras ocasiones existieron enfrentamientos sociales y, en cada momento, un único objetivo: la defensa jurídico-legal del patrimonio comunitario. Los labradores, los carreteros, los tejedores, y los ganaderos, desde el anonimato - eran la parte más débil de un colectivo humano excesivamente jerarquizado - supieron mantener esa riqueza común y el resultado de esa lucha no ha sido otro que la permanencia en el tiempo de tan importante evento como el que hoy celebramos con cuanto significa.

Sí, se camina de forma unitaria aunque cada quien mantenga sus peculiaridades, ejemplo manifiesto de saber hacer bien las cosas, de castellanía vieja. El 1º de octubre de 1932, el periódico soriano "El Porvenir Castellano" en su extraordinario de Fiestas de San Saturio capitalino, publicó un artículo de don Antonio Machado titulado "Soria", en el que canta a su paisaje mineral, planetario, telúrico, y se reflexiona sobre como somos, definiendo a esta tierra como "muestra de castellanía que siempre nos invita a ser como somos y nada más", diciendo que "aquí nadie es más que nadie" y, añadiendo el insigne poeta, "pero nunca olvido al viejo pastor de cuyos labios oí decir ese magnífico proverbio donde, a mi juicio, se condensa todo el alma de Castilla, su gran orgullo y su gran humildad, su experiencia de siglos y en sentido imperial de su pobreza; esa magnífica frase que yo me complazco en traducir así: por mucho que valga un hombre, nunca tendrá el valor más alto de ser hombre. Soria es una escuela admirable de humanismo, de democracia y de dignidad".

 

A buen seguro que el viejo pastor a quien se refería don Antonio, pastoreaba en la "Dehesa de los Cuatro Lugares", la Dehesa de La Mata, y que cuanto narra el Poeta bien podría referirse a esta Fiesta de la Epifanía y del Arca, a estas gentes, a vosotros que me escucháis.

Acabo dando las gracias a la Sra. Alcaldesa de Almarza, doña Ascensión Pérez Gómez por invitarme a este acto en el que como Archivero que soy de profesión, y como Escritor que soy de vocación, reconozco que, con orgullo, he sido copartícipe emotivo de esta fiesta ancestral tan arraigada en el tiempo como en las personas que la celebran.

JOSÉ ANTONIO MARTÍN DE MARCO